TEATRO ESPAÑOL: EL FANTASMA DE MARÍA GUERRERO Y LA PLATEA DONDE NO TODOS ESTÁN VIVOS

En la plaza de Santa Ana, se erige el teatro Español, el más antiguo de Madrid con más de cuatro siglos de historia. Edificado sobre las cenizas del antiguo corral del Príncipe, por sus palcos vaga el fantasma de la actriz María Guerrero. Extraños fenómenos acontecen cuando se cierran las puertas y se dice que cuando acontece una representación teatral no todos los espectadores del patio de butacas son de este mundo.

LEYENDASLUGARES MISTERIOSOS

David Hernández

10/31/20265 min read

Cuando paseas por el centro de Madrid y llegas a la plaza de Santa Ana, entre el murmullo del terraceo te llamará la atención la fachada neoclásica del teatro Español. Parece un edificio inofensivo, pero no te dejes engañar. Estás ante uno de los lugares centrales del Madrid misterioso. Los más de cuatrocientos siglos de una historia edificada sobre cenizas no podían quedar indemnes.

La madera seca guarda la memoria del fuego. Los cimientos de piedra recuerdan la humedad del suelo sobre el que un día se levantó el histórico corral del Príncipe. Y allí, entre la tramoya, los palcos ciegos y las galerías subterráneas subyace un elenco espectral que no figura en los carteles.

Esta es la crónica de los misterios del coliseo más antiguo de la Villa y Corte.

I. Tras las huellas de la ceniza del corral del Príncipe (1583)

Para comprender la naturaleza de las sombras del Teatro Español, es preciso realizar una disección histórica de su suelo. En el año 1583, la cofradía de la Sagrada Pasión adquirió el solar de la calle del Príncipe para levantar uno de los primeros corrales de comedias permanentes de Madrid. Bajo aquel cielo abierto donde Lope de Vega y Calderón de la Barca plasmaron su talento creativo en las representaciones, el ambiente adquiría una densidad morbosa. En su entorno se mezclaban la devoción religiosa de las cofradías, que destinaban los beneficios a manutención de incurables y sepultura de ajusticiados, con la miseria cotidiana de una Villa y Corte ahogada en la peste, las reyertas tabernarias y la constante presencia de la muerte repentina.

En el año 1802, un incendio voraz devoró casi por completo la estructura original de madera. Las crónicas de la época narran cómo las llamas iluminaron el cielo de Madrid durante tres días, convirtiendo los telares, las vigas roscadas y los bastidores en un infierno de brasas. El teatro fue reconstruido bajo la dirección de Juan de Villanueva, proyectando la imponente fachada que hoy contemplamos, pero el subsuelo permaneció inalterado.

II. María Guerrero: la dama del palco ciego

Si existiera una soberana indiscutible en la geografía fantasmagórica del Español, esa sería, sin duda, la legendaria actriz y empresaria María Guerrero. Figura colosal del teatro español a finales del siglo XIX y principios del XX, Guerrero no solo actuó en estas tablas, sino que tomó el teatro como su propio feudo, imponiendo férrea disciplina a los trabajadores y una obsesiva pasión por el escenario. Era tan profundo su vínculo con el teatro, que para el imaginario popular lo natural era que compartiera su mismo destino.

Fallecida en Madrid en marzo de 1928, pocos meses antes de que un nuevo e devastador incendio volviera a asolar el edificio, la presencia de la actriz nunca terminó de abandonar el coliseo de la calle del Príncipe. Los relatos sobre su presencia fantasmal se han transmitido de boca en boca entre generaciones de tramoyistas, electricistas y vigilantes nocturnos que conocen bien las horas en que el edificio se queda a solas y las maderas crujen sin explicación aparente.

Son recurrentes los testimonios que aseguran haber visto la figura de María Guerrero recorriendo el pasillo de los camerinos principales, o sentada en la penumbra de los palcos laterales, cuando la luz de ensayo, esa única bombilla desnuda que permanece encendida en mitad del escenario ya vacío, proyecta sombras alargadas hacia el fondo de la sala.

III. La platea donde no todos están vivos

Entre las habladurías de los trabajadores del coliseo y los estudiosos del Madrid oculto existe un dicho que se pronuncia casi como una advertencia: en el teatro Español, cuando se apagan las luces, jamás están todos los espectadores vivos.

Esta leyenda urbana guarda un trasfondo inquietante que entronca con la propia arquitectura del espacio. Durante las labores de acondicionamiento y reforma llevadas a cabo a lo largo del siglo XX, se documentaron en diversas ocasiones las llamadas corrientes ciegas de sonido, en las que se escuchan murmullos o ruidos sin saber de dónde proceden, y ecos desfasados en la acústica de la sala.

Sin embargo, los testimonios del personal de sala van mucho más allá de una explicación puramente física:

  • Durante funciones de poca afluencia o en los ensayos generales a puerta cerrada, se ha registrado con frecuencia el sonido metálico y seco del abatimiento de los asientos de madera en filas completamente vacías.

  • Quienes han tenido que quedarse a solas en el gallinero, pasadas las doce de la noche relatan escuchar un murmullo sordo y colectivo, similar al que precede al levantamiento del telón, interrumpido ocasionalmente por ahogados golpes de abanico.

  • El espectador de la fila 7: Se habla de una figura masculina, ataviada con levita oscura del siglo XIX, que permanece inmóvil durante los ensayos técnicos nocturnos. Mantiene la mirada fija en el telón de boca y desaparece en el instante exacto en que se enciende la iluminación general del recinto.

Estos fenómenos se atribuyen a las almas de los espectadores olvidados, de los dramaturgos cuyos nombres se perdieron en los archivos incendiados y de los cómicos de la legua, de vida itinerante. Todos ellos, incapaces de romper el vínculo con la escena, continúan inmersos en una representación más allá de la vida y del tiempo.

IV. Los fenómenos inexplicables del foso y la tramoya

Hoy se dice que, cuando el público abandona la sala y los cerrojos sellan las pesadas puertas de madera de la calle del Príncipe, el teatro Español se transforma en un organismo vivo. El entramado de cuerdas, poleas, pasarelas de madera y galerías subterráneas que se extienden bajo el escenario constituye la verdadera espina dorsal del misterio.

Los fenómenos documentados en el foso y en las pasarelas superiores siguen un patrón constante que hiela el ánimo de cualquiera que deba internarse en ellos a solas:

  • Descenso abrupto de temperatura: En puntos muy concretos de las galerías del foso, los termómetros marcan caídas repentinas de hasta 8 o 10 grados en cuestión de segundos, acompañadas de una sensación de opresión en el pecho.

  • El crujido de las pasarelas altas: A decenas de metros sobre el escenario, donde se ubican las varas de iluminación y los telares, es habitual escuchar pasos pesados y lentos sobre las maderas. Al subir a verificar, los técnicos encuentran las pasarelas vacías y el polvo acumulado en el suelo intacto, sin una sola huella marcada.

  • Desplazamiento de atrezo: Objetos de utilería dejados perfectamente asegurados al finalizar la jornada aparecen al día siguiente en los pasillos contiguos o en el centro del escenario desierto, sin que las cámaras de seguridad internas hayan registrado presencia humana alguna durante la noche.

V. Epílogo: El telón que nunca baja

Caminar hoy por la plaza de Santa Ana e intuir lo que ocurre al otro lado de los muros del Teatro Español es un ejercicio de memoria y escalofrío. El coliseo madrileño sigue albergando el gran arte dramático de nuestra ciudad, pero sus paredes guardan una verdad ineludible: hay obras que no concluyen con los aplausos del público, ni historias que se apaguen cuando se consume la última luz.

Si alguna vez acudes a una representación en el teatro Español, cuando las luces de la sala comiencen a atenuarse y el silencio se apodere de la platea, no mires solo al escenario. Echa un vistazo hacia la penumbra de los palcos superiores o a las butacas vacías del fondo. O incluso al espectador que permanece en silencio a tu lado, pues quizá descubras que no ha comprado su entrada en la taquilla de este siglo.

davidhernandez.misengendros@gmail.com