LA MALDICIÓN DEL PALACIO DE CAÑETE
El asesinato ritual del Marqués de Cañete, la maldición del ajusticiado justo antes de que lo ahorcaran y la sombra del clérigo decapitado hacen del actual Centro Sefarad-Israel un lugar de tensiones entre lo paranormal, la historia negra y la leyenda.
LEYENDASLUGARES MISTERIOSOS


Como hemos constatado ya desde los primeros posts de esta serie, Madrid es una ciudad que camina sobre sus propios muertos. Debajo de las terrazas de sol y los comercios modernos, laten historias que el tiempo no ha podido enterrar. Hoy nos vamos a detener frente al número 69 de la calle Mayor, el Palacio de Cañete, hoy también conocido como Palacio del Marqués de Camarasa, y nos vamos a adentrar en los pasillos de un edificio donde la sangre, la traición y lo sobrenatural se entrelazan desde hace siglos.
El asesinato ritual del Marqués
La leyenda negra del palacio no es un invento de buscadores de fantasmas; tiene un origen documentado y violento. Nos situamos en el siglo XVII, bajo el reinado de Felipe IV. Don Diego Hurtado de Mendoza, entonces Marqués de Cañete, era un hombre de gran influencia, pero también de oscuros secretos. Inmerso en una corte donde el espionaje y las intrigas palaciegas eran el pan de cada día, se decía que poseía información comprometedora sobre otros nobles e incluso sobre amores prohibidos de la realeza, y que su rectitud pública ocultaba un carácter despótico y cruel en la intimidad del palacio.
Una noche cerrada, el silencio del palacio fue roto por un grito ahogado. Al entrar en sus aposentos, los criados encontraron una escena terrible: el Marqués yacía muerto en un charco de sangre, apuñalado con una saña que sugería una venganza personal más que un robo:
El cuerpo no yacía en su cama, sino en el centro exacto de la estancia sobre una alfombra, en una postura antinatural, con las extremidades extendidas de forma simétrica.
Presentaba cortes profundos en las palmas de las manos y en las plantas de los pies. El torso estaba cubierto por un patrón de cortes que, según los supersticiosos de la época, recordaban a símbolos cabalísticos o marcas de excomunión.
La herida mortal, un tajo perfecto en la garganta, había sido ejecutada de tal manera que la sangre fluyó hacia recipientes o puntos específicos, evitando la salpicadura desordenada.
A pesar del ensañamiento, los objetos de valor de la habitación estaban intactos y el oro, las joyas y las monedas seguían sobre la mesa. Sin embargo, se dice que los espejos de la estancia habían sido cubiertos con telas negras o girados hacia la pared. En el lenguaje de lo oculto, esto se hace para que el alma del difunto no quede atrapada en el reflejo.
Lo más inquietante fue que encontraron un círculo de ceniza, o algún tipo de polvo blanquecino, rodeando el cuerpo del marqués, sin que hubiera huellas de pisadas que salieran del círculo.
La versión oficial de los hechos fue que el asesino fue un joven criado, movido por celos o por una afrenta que nunca se hizo pública. Se le ejecutó con rapidez y sin piedad alguna: fue ahorcado frente al palacio. Se dice que, justo antes de que el verdugo apretara la soga, sus últimas palabras fueron la advertencia de que, mientras el verdadero asesino caminara libre, él no abandonaría jamás el palacio.
La aparición del clérigo decapitado
Tras el asesinato del Marqués, las apariciones comenzaron casi de inmediato.
Testigos de diferentes épocas aseguran haber visto una figura vestida con sotana deambulando por los pasillos interiores del palacio. Lo aterrador es que la figura carece de rostro, o peor aún, se manifiesta llevando su propia cabeza bajo el brazo. Las crónicas de lo oculto del Madrid antiguo, basadas en noticias y rumores de la época, se refieren a esta aparición como una presencia fría que desprende un olor a incienso viejo y carne húmeda.
Aunque la leyenda lo vincula al crimen del Marqués de Cañete, hay una versión más oscura que sugiere que el fantasma no es el del Marqués, sino el de su confesor personal, cuyo nombre nunca ha sido revelado en los documentos oficiales. Este clérigo conocía los pecados más inconfesables del noble, quizás relacionados con traiciones políticas o con la práctica de ritos prohibidos.
Tras el asesinato del Marqués, el clérigo fue hallado muerto en una de las estancias interiores. Según el relato popular, no fue un asesinato común: su cabeza nunca fue encontrada en la habitación, lo que dio pie a la creencia de que fue robada como parte de un pacto de silencio o un oscuro rito posterior.
Quienes afirman haberlo visto, especialmente en las escaleras de servicio y en la zona que conecta con los antiguos sótanos, describen detalles que van más allá de una simple sombra:
El sonido de la tela: A diferencia de otros fantasmas silenciosos, al clérigo se le oye llegar. Se escucha el roce pesado y rítmico de una tela gruesa y antigua, quizás una sotana de paño, arrastrándose por el suelo de piedra.
La postura imposible: La figura no camina de forma natural; se desplaza con un movimiento rígido. Lo más inquietante es que, cuando se manifiesta con la cabeza bajo el brazo, los dedos de la mano que la sostiene se agitan como si intentaran palpar el aire para guiarse.
La zona fría: Se dice que el clérigo deja a su paso una estela de frío que baja la temperatura hasta diez grados de golpe.
Una de las variantes más perturbadoras de la leyenda dice que el clérigo no solo se pasea, sino que busca a alguien que lo escuche. Existe el relato de un antiguo mozo de cuadra que, siglos atrás, huyó despavorido del palacio tras encontrar a la figura sentada en un rincón sombrío. Según su testimonio, la cabeza que el clérigo sostenía en su regazo tenía los ojos abiertos y movía los labios frenéticamente, intentando pronunciar una confesión que el cuello seccionado le impedía emitir, produciendo solo un gorgoteo húmedo.
Fenómenos poltergeist en el Palacio
A lo largo de los años, el palacio ha servido como sede para diversas instituciones oficiales. Sin embargo, los funcionarios y vigilantes de seguridad que han pasado noches allí guardan historias que rara vez se atreven a contar en voz alta:
Puertas que se cierran con violencia: En salas donde no hay corrientes de aire, portazos secos retumban en la madrugada.
Luces que cobran vida: Habitaciones que quedan a oscuras se encienden solas minutos después de que el último empleado se haya marchado.
Susurros en el pasillo: Voces que parecen rezar letanías en un latín corrupto, propio de los ritos que pervertían lo sagrado, audibles solo cuando el edificio está en completo silencio.
Se dice que el espíritu del Marqués, o quizás el de su verdugo, no han abandonado el lugar. Que buscan algo que les fue arrebatado: justicia, paz o, tal vez, la revelación de los secretos acaecidos entre esos muros de la calle Mayor.
El choque espiritual entre dos siglos
El Palacio de Cañete, hoy sede del Centro Sefarad-Israel, puente cultural y diplomático entre la sociedad española y el mundo judío, no es ajeno al peso de su historia. Sus techos altos, sus maderas crujientes y sus sótanos con vestigios de las antiguas caballerizas y pasadizos, crean el escenario perfecto para lo inexplicable.
Tal vez, los espíritus del Marqués y del clérigo decapitado vagan por los pasillos confundidos por el cambio de las costumbres y ritos. Desorientados por esas palabras en hebreo que ahora resuenan donde antes se condenaban bajo la autoridad de la Inquisición. El Palacio es hoy un punto de unión entre dos mundos, pero las sombras del siglo XVII se resisten a sucumbir a la modernidad del XXI.
La próxima vez que pasees de noche por el Madrid de los Austrias y llegues al número 69 de la calle Mayor, detente un segundo, mira las ventanas del último piso y, si ves una sombra que se aparta de la cortina o sientes un frío repentino en pleno agosto, recuerda que los ecos del Marqués y su confesor jamás se fueron del Palacio.


