EL TEATRO REAL, CON FORMA DE ATAÚD Y PRESENCIA FANTASMAL
El Teatro Real de Madrid, edificio inquietante por su forma arquitectónica, sus continuas inundaciones y el fantasma residente de un tramoyista del siglo XIX.
LEYENDASLUGARES MISTERIOSOS


El Teatro Real, inaugurado oficialmente en 1850 tras décadas de penosa construcción, arrastra desde sus cimientos una sombra de fatalidad que lo obligó a cerrar sus puertas durante más de setenta años. ¿Es simple mala suerte, o hay algo más profundo y oscuro en la arquitectura y el solar donde se asienta?
Para empezar, visto desde las alturas, el edificio adopta una forma de hexágono irregular que recuerda de manera perturbadora a un ataúd. La explicación oficial habla de la necesidad de adaptarse a las plazas circundantes, pero junto a esta versión convive la leyenda de que esta forma es el eco de su pasado trágico, pues se dice que el solar pudo haber sido un antiguo cementerio, y que el arquitecto quiso rendir un oscuro homenaje a las almas errantes de la zona.
Sea cual sea la verdad, esta «forma de ataúd» es un perfecto símbolo de su turbulenta historia, pues el solar del Real se construyó sobre un terreno por el que discurría el antiguo arroyo de los Caños del Peral. La proximidad de estas aguas subterráneas provocó, a lo largo de los siglos XIX y XX, graves filtraciones e incluso inundaciones. Y fue precisamente la inestabilidad del terreno y el daño estructural causado por el agua lo que forzó su cierre de 1925. Ante esa permanente sensación de que el teatro nunca estuvo del todo seguro, ¿podéis imaginar a la gente de la época escuchando desde sus palcos el constante goteo y murmullo del agua que erosionaba lentamente los cimientos?
Pero si hay una historia que pone los pelos de punta a los trabajadores de la escena es la del fantasma residente. Un tramoyista que, según la leyenda popular, perdió la vida en un trágico accidente laboral a finales del siglo XIX, en los años de mayor actividad del coliseo. Al parecer, este espíritu se niega a abandonar su lugar de trabajo y los empleados refieren que, en los momentos de silencio, cuando el teatro está vacío y a oscuras, entre funciones o en la quietud de la madrugada, se escuchan pasos solitarios en las galerías superiores, ruidos inexplicables de aparejos de escena o, incluso, susurros en los camerinos. Los objetos pueden aparecer ligeramente movidos de su lugar y las luces, a veces, parpadean sin razón aparente.
El Teatro Real de Madrid, por lo tanto, no solo nos ofrece drama en su escenario, sino también en su propia historia: su forma arquitectónica funeraria, su inestabilidad por la amenaza de sus aguas subterráneas y las presencias espectrales, hacen de esta edificación uno de los lugares más interesantes del Madrid misterioso.


