EL ESCRITOR AUTOPUBLICADO: ¿ARTISTA O EMPRENDEDOR

¿Inventar una historia o hacer publicidad? ¿Aprender técnica de escritura o crear contenido para RRSS? ¿Corregir un relato o revisar las Amazon Ads? Una reflexión partiendo de mi experiencia propia.

PROCESO DE ESCRITURA

David Hernández

9/28/20253 min read

Crear un borrador, corregirlo, contratar un informe de lectura, volver a corregir, contratar una corrección ortotipográfica y de estilo, volver a corregir, contratar un diseño de portada, contratar la maquetación y, por fin, publicarlo en Amazon. ¡Ya está! ¡Se acabó!

¿De verdad se acabó? ¡Ni de broma! Luego toca hacer marketing: publicidad en redes sociales, hacerte una página web e irla mejorando con el tiempo, crear un perfil de Amazon Author Central, hacer campañas de Amazon Ads... Y eso suponiendo que todo el proceso anterior haya ido bien. También puede suceder, y de hecho a mí me sucedió, que con el libro ya publicado, a pesar del control ortotipográfico, aparecieron cuatro o cinco errores que había que cambiar. Entonces intentas hacerlo tú y te das cuenta de que no sabes, con lo que tienes que volver a contratar a alguien para que te lo corrija y puedas subir de nuevo el archivo. Lo bueno es que se puede hacer. Lo malo... que te cuesta dos noches sin dormir saber que tu libro tiene errores. Quizá no muy graves, pero tú sabes que están ahí.

Y luego pides reseñas y te ponen menos de las que imaginabas. Te lanzas a escribir otro nuevo libro, pero el que ya publicaste lo tienes que vender tú porque nadie lo va a hacer por ti, con lo que, si antes ya tenías poco tiempo, ahora tienes menos aún. ¡Bienvenido al mundo del autor autopublicado!

De todas formas, quiero dejar claro que en ningún momento reniego de la opción elegida. Sé que hubiera sido extremadamente difícil que una editorial hubiese apostado por un tal David Hernández que dice que escribe cuentos de terror que son la leche de buenos, oiga. Y, además, he descubierto que me gusta controlar todo el proceso, que si me equivoco me equivoco yo con mi propio libro, no alguien que se equivoca con el fruto de mi trabajo y que me abonará las regalías vete tú a saber cuándo. Pero consume mucho tiempo y mucha energía porque, y esta es la clave, no vale ya con ser un mero escritor, sino que tienes que ser un escritor-emprendedor, como diría Ana González Duque (leed su libro El escritor emprendedor).

Si ya era difícil compaginar la escritura con el resto de tu vida, ya sabes, tu trabajo, tu familia, tu ocio, ahora tienes que sacar tiempo y energía para promocionarte, para mejorar tu página web, para crear contenido con cierta regularidad (lo intento, creedme), para analizar tus campañas de Amazon Ads, para ajustar los precios de tu libro... En definitiva, para que te lean y no perder más dinero del que ganas con tus ventas. Y es entonces cuando ya te conviertes en un completo incomprendido: si antes tu familia y amigos no te entendían mucho, ahora te entenderán aún menos.

Con todo, te levantas con ilusión. Te rehaces. No sabes cómo, pero, más o menos, consigues llevarlo todo. Despacio, eso sí, pero lo llevas. Sigues escribiendo, optimizas tus recursos, creas contenido... ¿Y sabes lo que pasa entonces? Que te cuesta saber qué rol estás desempeñando. A veces te enfrascas con las analíticas de tus resultados y no te apetece escribir. Y entonces dudas de tu identidad: ¿No eras un escritor, carajo? ¿No era escribir lo que más te gustaba del mundo? ¿A qué viene ahora esa obsesión por los datos? Llegas a plantearte si lo que te gusta es escribir o simplemente tratar de conseguir unos ingresos pasivos. Y este es un momento crítico.

Para no enrollarme mucho más, diré que hay que hacer ambas cosas, pero sin perder nuestra esencia. Me explico:

Hay que escribir y hay que vender. Hay que crear y hay que hacer marketing. Pero tengo muy claro que mi esencia es de escritor, de creador, de inventador de historias. Si llego al punto de enamorarme tanto de las ventas que no hago otra cosa que pensar en ello, habré vendido mi alma al diablo y, por ende, estaré muerto y, a la postre, abocado al fracaso. Como dije en otro post, que el dinero que seamos capaces de generar sea el reflejo del valor que aportamos al mundo.

Creo mucho en el mensaje de Jesús de Nazaret en Lucas 16:13: "Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas." Por tanto, escritores, no sirvamos a las riquezas sino a Dios, esto es, tengamos claro que somos creadores y no mercaderes. Así que ¡a escribir! Y después, sí, a vender lo que escribimos, pero primero a escribir eso que nos brota del alma para que no se nos seque.