ECOS DE FRAILES MUERTOS EN LA ESTACIÓN TIRSO DE MOLINA

Cantos gregorianos, figuras encapuchadas y fríos repentinos en la estación de metro Tirso de Molina, construida sobre los restos de los frailes del antiguo convento de la Merced.

LEYENDASLUGARES MISTERIOSOS

David Hernández

1/3/20262 min read

¿Alguna vez has sentido un escalofrío en el andén de la estación de Tirso de Molina? O, si esperabas el último metro, ¿te ha parecido ver una figura encapuchada que se desvaneció cuando fijaste la mirada?

Cuando en los años 20 se iniciaron las obras de ampliación del Metro de Madrid, al excavar en la zona de la actual Plaza de Tirso de Molina, los obreros no solo encontraron tierra y roca, sino que sus picos y palas sacaron a la luz algo macabro: cientos de huesos humanos, cráneos y restos de sudarios.

No en vano, antes de ser una plaza bulliciosa, ese lugar albergaba el Convento de Nuestra Señora de la Merced, en el que vivió Gabriel Téllez, el propio Tirso de Molina que da nombre a la plaza. El convento fue fundado en el siglo XVI y derribado en el XIX por la desamortización de Mendizábal y, como era costumbre en los tiempos antiguos, los frailes eran enterrados en el propio recinto, por lo que, con tres siglos de vigencia, eran muchos los restos acumulados en el subsuelo.

Se dice que, ante la falta de presupuesto, o el temor a retrasar las obras, los responsables tomaron una decisión estremecedora: en lugar de trasladar los restos a un cementerio sagrado, los huesos de los mercedarios fueron apilados y sellados tras los muros de los andenes, que se recubrieron con los icónicos azulejos blancos y azules, hoy pareces amarillentas tras los trabajos de modernización.

Pero, a juzgar por distintos testimonios, aquella decisión no quedó sin consecuencias. Algunos operarios de mantenimiento aseguran que, cuando el tráfico de trenes cesa a partir de la 1:30 de la madrugada, se escuchan lamentos y cánticos gregorianos que parecen filtrarse a través de las paredes.

También se cuenta que, si te quedas solo en el andén en el último tren de la noche, puedes llegar a ver figuras encapuchadas que se desvanecen justo antes de que el convoy entre en la estación. Incluso hay puntos específicos del andén donde la temperatura baja drásticamente, un fenómeno que los entusiastas de lo paranormal atribuyen a la energía de los monjes atrapados tras el alicatado.

¿Hay pruebas de esto? Aunque la administración del Metro nunca ha confirmado oficialmente que los restos sigan allí, los registros históricos de la existencia del convento son reales. La mezcla de historia religiosa, negligencia urbanística y el ambiente claustrofóbico propio del suburbano han convertido a la estación Tirso de Molina en uno de los puntos claves del Madrid de los misterios.

La próxima vez que transites por allí, agudiza los sentidos y fíjate bien. Quizás ese frío repentino no sea por una simple corriente de aire, o ese leve golpe que escuchas no se deba al motor del tren acercándose. Puede que se trate de alguien que, tras los muros, nos está recordando que su eco aún sigue allí.