CENTRO DE ARTE REINA SOFÍA: LOS ESPECTROS QUE PERVIVEN A SU PASADO COMO HOSPITAL

Ascensores que se mueven solos, personas que aparecen y se desvanecen, pasos, susurros y gritos en los pasillos, espectros de monjas y un fantasma que revela su nombre en una sesión de ouija. Todo esto, y aún más, tiene lugar el el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, cuyo edificio en otro tiempo fue el Hospital General de Madrid, último refugio y sepultura de mendigos, soldados y enfermos de las epidemias.

LEYENDASLUGARES MISTERIOSOS

David Hernández

1/24/20265 min read

Siguiendo la estela de los últimos posts, continuamos en el barrio de Lavapiés, ya muy cerca de la estación de Atocha, y nos detenemos ante la imponente fachada de vidrio y acero del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Este edificio es, para muchos, el lugar más embrujado de España, con una historia de epidemias, muerte y hallazgos arqueológicos a sus espaldas que hiela la sangre.

Personal de vigilancia y visitantes han testimoniado encuentros aterradores. Desde sensaciones de ser observados, caídas bruscas de la temperatura, susurros y pasos en los baños... hasta casos aún más densos como el hombre de los ascensores, la niña del claustro, las monjas y, sobre todo, Ataúlfo.

Pero para comprender la magnitud de todo esto, vamos a profundizar en la historia de este lugar.

Su origen: el Hospital General de Madrid

Antes de ser un templo del arte moderno, este edificio fue el Hospital General de Madrid, Inaugurado en el siglo XVIII por Carlos III, su función no era solo terapéutica, sino también higiénica: limpiar las calles de Madrid de mendigos, heridos de guerra y enfermos de peste.

En el interior del hospital se ubicaba el Real Colegio de Cirugía de San Carlos, donde los futuros médicos aprendían anatomía manipulando los cadáveres que, como podemos imaginar, no escaseaban. De hecho, durante casi 200 años, miles de personas murieron aquí y fueron enterradas en fosas comunes en lo que hoy serían el jardín y los sótanos. Llegó a haber tanta saturación de muertos que el olor a putrefacción fue una queja constante de los vecinos de la zona.

El macabro descubrimiento en las obras de 1990

La consecuencia de aquello fue que, cuando el edificio comenzó a remodelarse para convertirse en museo, los obreros no solo encontraron escombros, sino cientos de esqueletos humanos.

El hallazgo más perturbador ocurrió en la antigua capilla. Tras una pared, aparecieron los cuerpos momificados de tres monjas. Lejos de darles una sepultura externa, se dice que fueron enterradas de nuevo bajo el umbral de la puerta principal y, desde entonces, el personal de seguridad asegura ver a tres religiosas levitando por los claustros al caer la noche.

En las zonas que antiguamente albergaban a los enfermos mentales, se encontraron grilletes y cadenas ancladas a las paredes. En los siglos XVIII y XIX, la locura se trataba con encierro y castigo. Al parecer, esa energía de desesperación parece haberse quedado impregnada en los muros.

Ataúlfo: el espíritu identificado en una sesión de ouija

Si hay un nombre que hace temblar a los vigilantes del Reina Sofía, es Ataúlfo. Su historia es el pilar de la actividad paranormal del museo y tiene su origen en una noche de los años 90 que cambió la vida de varios empleados.

Intrigados por los ascensores que subían solos y los gritos que rasgaban el silencio nocturno, un grupo de guardias decidió realizar una sesión de Ouija en los sótanos. El tablero no tardó en reaccionar con el puntero deteniéndose en tres letras: A-T-A. Uno de los guardias, intentando romper el hielo, bromeó: «¿Te llamas Ataúlfo?». La respuesta fue un movimiento violento hacia el «SÍ».

Ataúlfo no resultó ser un espíritu pacífico. Durante esa sesión, el tablero deletreó un mensaje directo a uno de los presentes: «Prepárate, vas a sufrir una desgracia». Pocos días después, un familiar directo de ese vigilante murió en un trágico accidente. El terror se apoderó de la plantilla, y las bajas por ansiedad y las peticiones de traslado se multiplicaron.

Se dice que Ataúlfo fue un paciente psicótico que murió encadenado y que su odio hacia los vivos continúa más allá de su propia muerte.

El informe del Grupo Hepta

La situación llegó a tal punto que el Ministerio de Cultura permitió la entrada del Grupo Hepta, liderado por el padre Pilón, en 1992. Sus hallazgos documentados fueron espeluznantes. Entre otros, las cámaras térmicas registraron zonas donde la temperatura bajaba de golpe 10 grados sin ninguna corriente de aire, y las psicofonías revelaron voces infantiles llamando a sus madres y lamentos de hombres que parecían provenir de las vigas del techo.

Ante estos resultados, la dirección del museo intentó ocultar este informe a toda costa. Se dice que el documento, titulado internamente como «Ata», contenía detalles tan perturbadores sobre las psicofonías y las apariciones que el museo temió que el público dejara de ir por miedo.

Más actividad tras la llegada del Guernica

Los fenómenos se intensificaron justo después del traslado del Guernica en 1992. Según expertos en parapsicología, el movimiento de una obra tan cargada de simbolismo sobre el sufrimiento despertó aún más las sombras del antiguo Hospital General de Madrid.

Las alarmas de infrarrojos de la sala donde se encuentra la obra saltaban sistemáticamente a altas horas de la madrugada. Cuando los vigilantes llegaban corriendo y revisaban las cámaras, la sala estaba vacía, pero los sensores seguían detectando «algo» moviéndose frente al cuadro.

Varios empleados de mantenimiento informaron que, al pasar por delante del cuadro de noche, la temperatura caía en picado de forma repentina. Era como una sensación de aire gélido que parecía rodear a quien se acercara.

Por si no bastara con Ataúlfo y las monjas, tras la llegada del cuadro comenzó a reportarse la visión de una mujer vestida de blanco que se lamentaba en las salas adyacentes a la de Picasso. Algunos parapsicólogos sugirieron que la carga emocional de la pintura, que representa a mujeres gritando y llorando, pudo atraer el espíritu de alguna madre que perdió a su hijo en el hospital durante la guerra.

Durante las investigaciones del Grupo Hepta posteriores al traslado, se captaron sonidos grabados en cintas magnetofónicas que recordaban a estruendos, bombardeos y gritos lejanos en plantas totalmente vacías.

Los golpes secos y metálicos de origen desconocido se volvieron constantes en la Planta 2. Los guardias informaron que, a veces, parecía que alguien golpeaba el cristal de seguridad del cuadro desde el interior, como si algo quisiera salir o entrar en la obra.

Zonas de alto riesgo paranormal

Si decides visitar el museo y quieres sentir el misterio de cerca, presta atención a estos puntos:

La Planta 2 (Cerca del Guernica): Los vigilantes evitan quedarse solos aquí. Sienten una «presencia pesada» que los observa desde las esquinas.

Los sótanos: Es donde se encontraron los grilletes y los restos óseos. El aire aquí es más denso, casi difícil de respirar.

El jardín central: Lo que hoy es un remanso de paz, fue el sitio donde se apilaban los cadáveres durante las epidemias de cólera.

Conclusión

El Reina Sofía es una joya cultural, pero también es un mausoleo. Cada vez que entras, caminas sobre los restos de miles de almas que nunca tuvieron un funeral digno. La próxima vez que accedas a él, será para ti mucho más que una galería de arte excepcional: estarás moviéndote en un epicentro de la actividad paranormal de nuestro país. Y, ¡quién sabe!, quizá mientras estés contemplando tu obra pictórica favorita, a tu lado sientas la presencia de alguien que nadie más puede ver, observándote y susurrándote al oído yo estuve aquí mucho antes que tú y todos esos cuadros.