ARGUMOSA 41, UN PASADO DE SALITRE Y MUERTE EN LA CALLE MÁS ATMOSFÉRICA

En Argumosa, 41, se erige hoy el CDAEM. Sin embargo, antes fue la Real Fábrica de Salitre, muy próxima al Hospital General de Madrid. La carga pesada de tantas muertes dejó su impronta en un lugar cuyos ecos aún permanecen.

LEYENDASLUGARES MISTERIOSOS

David Hernández

1/10/20263 min read

Lavapiés es un barrio que brilla bajo el sol en sus terrazas, pero que supura oscuridad en sus cimientos. Si hay un lugar donde esta dualidad es casi palpable, es la calle de Argumosa. Conocida hoy como el epicentro del «terraceo» en Lavapiés, esta arteria esconde bajo sus adoquines una de las cargas energéticas más densas de la capital. Para los expertos en lo oculto, no es solo una calle, sino parte esencial de la «milla de oro de los sucesos paranormales». Un lugar donde la historia se ha escrito con el eco de tragedias que se niegan a ser olvidadas.

Un pasado de salitre y sangre

En concreto, el imponente edificio del número 41 que hoy alberga el Centro de Documentación de las Artes Escénicas y de la Música (CDAEM), lugar de estudio, silencio y archivos, de libros y partituras llenaran sus estancias, en otro tiempo fue el escenario de una de las industrias más duras de la ciudad: la Real Fábrica de Salitres.

En el siglo XVIII, el salitre era un componente esencial para la pólvora, y su extracción era un trabajo ímprobo. Los obreros trabajaban en condiciones infrahumanas, respirando sustancias corrosivas en ambientes húmedos y sombríos. Los accidentes mortales eran habituales y el sufrimiento de aquellos hombres que lo frecuentaron parece haberse quedado impregnado entre los muros del edificio.

Trabajadores actuales del centro, en momentos de máxima soledad entre los depósitos de archivos, han reportado fenómenos que desafían la lógica: caídas bruscas de temperatura que hielan el aliento y una sensación de pesadez en el pecho, como si el aire se volviera sólido. Algunos aseguran que, en el silencio más absoluto, se escucha el arrastrar de algo pesado.

Vecinos de la muerte: la conexión con el Reina Sofía

Para entender por qué Argumosa 41 es un punto caliente de actividad, hay que mirar hacia la glorieta de Atocha. El edificio se encuentra a escasos metros del Museo Reina Sofía, el antiguo Hospital General de Madrid, donde durante siglos venían a morir los desamparados, las víctimas de la peste y los heridos de guerra. Los terrenos que hoy ocupa la calle Argumosa eran, en gran parte, los cementerios de caridad y fosas comunes asociados al hospital. Se dice que el subsuelo de esta calle es una red de túneles y restos óseos que conectan directamente el museo —famoso por sus apariciones, de las que hablaremos en otro post— con el edificio del CDAEM.

Muchos investigadores sostienen que existe una «corriente de energía negativa» que fluye por el subsuelo de Argumosa, una especie de río invisible alimentado por los miles de cuerpos que fueron sepultados allí sin nombre ni descanso.

El guardarropa de las ánimas

Hay un detalle que hace que el edificio del CDAEM sea especialmente inquietante para los amantes de lo paranormal: el centro custodia miles de objetos, manuscritos, vestuarios y pertenencias personales de actores y artistas ya fallecidos.

La leyenda urbana en el barrio dice que, al caer la noche, las estancias donde se guarda este vestuario cobran una vida propia. De hecho, no es raro escuchar a quienes frecuentan el lugar hablar de sombras que se mueven entre los percheros o de la extraña sensación de ser observado por alguien que en teoría no está ahí.

Argumosa: sucesos trágicos bajo el pasado de un cementerio judío

Pero la oscuridad no se limita al número 41. La calle Argumosa en su totalidad arrastra una fama de «calle maldita». En los últimos cien años, esta vía ha sido escenario de una concentración inusual de sucesos trágicos: crímenes familiares inexplicables, suicidios repentinos y muertes accidentales que han dejado una mancha en la memoria colectiva del barrio. Las hemerotecas guardan ecos de sucesos que erizan la piel: desde violentos crímenes en años recientes hasta la triste crónica negra de los años de posguerra, donde sus altos balcones fueron testigos de finales trágicos y sus viejas corralas ardieron bajo extrañas circunstancias.

¿La propia calle atrae la tragedia? Aquí entra en juego el dato curioso que hace palidecer a los historiadores: se cree que Argumosa se construyó sobre parte de un antiguo gueto judío que incluía su propio cementerio a finales del siglo XV, época próxima a su expulsión. Para muchos, la profanación de estos lugares sagrados para construir la ciudad moderna es la raíz de su infortunio.

Si decides pasear por la calle Argumosa al anochecer, al pasar frente al número 41, detente un momento y olvida el ruido de los bares y las conversaciones de la gente. Mira hacia las ventanas superiores del Centro de Documentación y trata de sentir la atmósfera. Quizá puedas percibir el peso de los siglos de salitre, los restos olvidados bajo el asfalto y las almas de los actores que, en el silencio de los archivos, aún esperan su último aplauso.

¿Has sentido alguna vez algo extraño en el número 41 de esta calle? ¿O quizá en otro punto cercano? Por favor, cuéntamelo. Lavapiés es un crisol de historia, leyendas y fenómenos paranormales que no deja de fascinarme.